Dominga Xóchitl: un modelo para armar

 

Isael Cantú.

Primero.- cosifique a la niña-mujer; es decir exhíbala en toda su sexual desnudez, sea bonita o fea, preferiblemente bonita de acuerdo al canon estético del momento.

Segundo.- Enajénela con una educación estúpida y métale en la cabeza que todo lo puede lograr usando su cuerpo como objeto sexual y su idea de estética,

Tercero.- Póngala en medio de un ambiente carente de principios éticos y lleno de políticos corruptos o de curas pederastas, sean hombres o mujeres, frustrados sexualmente, es decir eyaculadores precoces y mujeres anorgásmicas, y

Cuarto.- Suéltele las riendas.

No una, sino cientos de Domingas Xóchitl, deambulan por los pasillos del poder como una invisible pero suculenta red de prostitución política; mientras que las mujeres plenamente construidas como seres humanos luchan denodadamente por alcanzar un puesto administrativo sea público o privado, de manera leal o por lo menos cumpliendo las reglas de una competencia administrativa de servicio civil de carrera.

Que nadie se haga el tonto ante el fenómeno del “vaginapower” y del “gaypower”, porque, como dijo el santo (no el enmascarado de plata) el otro, el de Nazareth: ¡Quien esté libre de culpa que lance la primera piedra!

Pero aclaremos: no estamos criticando moralmente el sexo, sus preferencias y sus placeres, que según Freud y Lacan es consustancial a la psique del hombre y una necesidad más que vital, porque en materia de sexualidad cada quien puede hacer de su cola un papalote, bueno eso decía mi abuelita; lo que estamos criticando es el uso del sexo en la política; del trasiego de favores sexuales y el pago de los mismos con dinero público que debe tener como fin el bien común y no el placer particular; es decir, que si el político de su salario decide irse de putas y las mujeres de putos, pues allá ellos, que para eso ganan su dinero; pero otra cosa es que el dinero para comprar medicamentos para el cáncer de los niños atendidos en el sistema nacional o estatal de salud, se gaste en el putero del “gato negro” o en amantes que pueden llamarse Domingas o Cutbertas, eso ya es un ¡delito! Que va desde el abuso de autoridad, peculado, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, ejercicio indebido del servicio público, coalición de servidores públicos y más. Delitos que se pueden leer en el Código Penal Federal en su título décimo, para más información.

Pero la duda mata y es mejor preguntarla, si Dominga Xóchitl con sus encantos, enajenó al indiciado de JDDO e hizo que este, violando la ley le comprara con dinero público bienes inmuebles y muebles; y de igual manera lo hizo con su familia y su esposa Karime Macías, ¿Por qué ésta no está ya en la cárcel?, se supone que por identidad los delitos son los mismos; o más allá aún: ¿Por qué no están en la cárcel todas las amantes de diputados, jueces venales, agentes de la fiscalía, y demás servidores públicos que de igual manera utilizan el erario para comprar los favores amatorios de otras “domingas”… conozco casos donde las amantes han influido para que se legisle de un modo o de otro, hasta allá llega la debilidad sexual de nuestro representantes políticos.

Sin duda, Dominga Xóchitl Tress Rodríguez, adquirirá el rango de “mártir” ante la lapidación mediática al que la ha expuesto la fiscalía inepta de Winckler (¿tendrá amante?) o por el contrario se volverá un caso histórico que amerite vigilar esos temas con mayor cuidado a la hora de integrar gente a la administración pública; a la hora de exigirle a los políticos, todos servidores públicos, mujeres y hombres que dejen de ser hipócritas y que reconozcan que tiene relaciones múltiples y que económicamente son sostenidas con sus recursos personales y no con dinero público. Insisto, no estamos juzgando la libertad sexual ni las preferencias de cada quien, sino el acto delictivo de usar el dinero público de manera ilegal.

Por supuesto, llama al morbo saber que aparte de todo el dinero que desvió ilegalmente Javier Duarte de Ochoa, una parte lo utilizó para satisfacer sus instintos sexuales.

La historia de la sexualidad de los gobernantes es proverbial; ahora que nuestra tolerancia, tanto moral como jurídica, acepta las relaciones homosexuales menos nos escandalizamos; lo que irrita y encabrona es que lo hagan con el dinero de todos, y eso hay que detenerlo de manera ejemplar.

 
 

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