El circo legislativo: enanos que crecen.

 

Isael Cantú.

A lo largo de la historia nacional, arrancando un poco con el Huey Tlatoani, pasando por el Virrey, llegando al Presidente de la República y en medio el Jefe de Jefes, nuestro país, nunca ha conocido un auténtico equilibrio de poderes y mucho menos un sistema semiparlamentario donde el Poder Legislativo represente ordenadamente los intereses del pueblo y haga que el poder ejecutivo, cumpla con su obligación, de manera eficiente y eficaz, de hacer lo que el pueblo manda; es decir, un ejecutivo que manda obedeciendo.

La razón de tal estado de cosas es que el poder legislativo casi siempre ha sido electo usando los fraudes electorales, donde el poder económico y político de los grupos o clases dominantes, se impone sobre las clases más bajas; y donde la otra razón histórica es que las mismas clases subalternas, por su condición de explotadas, no llegan a obtener un conocimiento pleno de la “administración” del Estado mismo y llegan a ser representadas por personeros de las clases medias, que tirándole a payasos, juegan con los intereses populares y terminan simplemente enriqueciéndose a costillas del pueblo. El populismo es la expresión política por excelencia de ese trasiego en el poder legislativo y tiene orientaciones tanto de derecha como de izquierda.

El golpe de timón que significó la votación del primero de julio y que desbarrancó al PRI, al PAN y su palero el PRD, fue una clara exigencia de cambiar las formas de hacer política en el país… es decir, no solamente cambiar de circo, sino de cirquero también, aunque los enanos fueran los mismos; pero hete aquí que más pronto que tarde, los enanos le están creciendo al mal cirquero.

En Veracruz, hay diputados charros, donde la tribuna les representa el foro de America´s got Talent, trapecistas mareados a ras de suelo, payasos que no hacen reír… todo, menos un Poder Legislativo que represente las demandas legítimas del pueblo veracruzano.

Lo peor será el desencanto por una función mediocre que no cumpla con las expectativas de un nuevo orden con gobernanza democrática; es decir, donde la integración del nuevo gobierno, como lo hemos venido diciendo, sea un simple gatopardismo donde cambia todo para que no cambie nada. En la audiencia, las largas filas de priistas, de panistas, de perredistas, de gentes sin escrúpulos, dan portazo para entrar en los círculos de poder, o simplemente se quedan agazapados para seguir en él.

Dentro de poco, vendrán las comparecencias de los Secretarios de Despacho y del Ejecutivo mismo y la forma y el modo en que están diseñadas, aparte de ser una pérdida de tiempo, no tienen ningún resultado político administrativo práctico y solo viene a degradar más la vida del Poder Legislativo; diría una trabajadora del Congreso Local: en las comparecencias, ponen tacos al pastor, traen mariachis, reparten despensas, el secretario en turno trae a su prensa y paga a medios solamente para lucirse y contestar preguntas a modo, se vuele: “el prostíbulo más caro del estado”.

Un real y auténtico Poder Legislativo ya estuviera con sendas comisiones interviniendo y fiscalizando cada una de las Secretarías del Ejecutivo antes que se roben y se lleven a sus casas las pruebas de sus posibles errores o simplemente las lapiceras y todo lo que se llevan en el “año de Hidalgo”; ya estuvieran con lupa y un grupo de expertos analizando número a número el manejo de las finanzas del Estado para ver si en la campaña anterior el gobernador desvió o no recursos para apoyar a su hijo… pero no: ¡La fuerza más importante se dividió el circo y dejó pasar la oportunidad de exigir la rendición de cuentas del ejecutivo actual!

Algo que le pasa desapercibido a los políticos improvisados es que no pueden hacer de sus pasiones y deseo políticas públicas; la gente no votó para que se cantara o se arreglara el pelo u otra “cosa” el diputado o la diputada, el voto fue preciso: contra la corrupción, la inseguridad, la pobreza, la falta de educación, por la rendición de cuentas, por los derechos humanos.

Lo bueno de esta nueva fase política del país es que la ciudadanía sabe castigar con su voto y que la figura de revocación del mandato es una arma poderosa contra los enanos que hacen fraude al público. ¡Hic Rhodus, hic salta!

*Disculpas sentidas a las verdaderas personas menudas que de buen corazón nos hacen reir (Los diputados y diputadas son otra cosa)

 
 

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