Una opinión diferente

 

Isael Cantú.

Huachicol… la borrachera de la corrupción.

Si de atacar la corrupción se trata, lo más obvio es ir a donde se manifiesta más y ahí erradicarla de manera ejemplar, pase lo que pase, pues el resultado será ejemplar y los casos menores desaparecerán por efecto del temor reverencial que se tiene hacia la ley. Cada sociedad desde el Código de Hammurabi, ha marcado en sendas leyes lo que debe ser virtuoso y lo que es un crimen y a la par, define premios y castigos: cielo o infierno, vida o muerte, ojo por ojo diente por diente.

El moderno sistema adversarial, avance racional de la sociedad en materia de justicia es garantista de los derechos de los indiciados en el sentido de presumirlos inocentes hasta que su culpabilidad se demuestre de manera indubitable con pruebas plenas y objetivas… lo cual, en una larga tradición religiosa, punitiva y política, está resultando muy difícil, pues la corrupción misma anida en el sistema justiciero. No hay peor corrupción que un juez corrupto que impide el objetivo axiológico de la norma jurídica.

La corrupción es llanamente el robo de los bienes públicos: un lápiz o un millón de litros de gasolina; es evidente que lo segundo tiene efectos más deletéreos sobre la economía de un Estado que el primero; así, podemos medir los efectos de la corrupción en el Producto Interno Bruto (PIB) que consume: en México la corrupción consume 10 puntos del PIB según la OCDE[1].

Un punto del PIB equivale a 170 mil millones de pesos, lo que sería igual a que cada uno de los 48.9 millones de ocupados en el país recibieran $ 3,413.65 pesos. ¡Nada despreciable! Ahora multiplíquenlo por diez y verán la magnitud de lo que roba la corrupción.

Con el triunfo de Fox en el 2000 muchos creímos que la corrupción disminuiría, él mismo nombró a Pancho Barrio como su Contralor y éste dijo de manera coloquial que: “agarraría a los peces gordos de la corrupción”… pero no agarró a nadie.

Vino Calderón y después Peña Nieto y los indicadores de la corrupción se fueron al alza y la paraestatal más perforada por esa práctica lo fue PEMEX y en particular el robo de la gasolina. Pronto, como cáncer social, la venta ilegal del combustible corrió a la par de la depauperación de la población y por otro extremo la concentración de la riqueza en las manos de los corruptos. Ese ejemplo cundió: ser rico por la vía de la corrupción se volvió moda y en el robo de combustible, el huachicol, quedó de manifiesto la borrachera de la corrupción, como en las fiestas, ya todos borrachos ni quien pueda llamar la atención sobre la moral de los demás y de la ética menos.

Y entonces llegó el PEJE y que cierra las válvulas de los gasoductos y que toma las oficinas de PEMEX y que agarra a funcionarios de la empresa y que se arma el borlote, porque sin decir “¡agua…va!” nos mojó a todos y unos: –¡Que qué poca!—y otros, que: ¡Bien hecho! Y por lo pronto descendió el robo de gasolina y se recuperaron millones de litros…

Si mal no recuerdo, un tema central de la campaña política pasada era el de la corrupción. Los ciudadanos estaban artos de tanto robo y torcimiento de la función pública, extorsión por todos lados y para colmo una iglesia pederasta…¡A quien recurrir! Al voto y en las urnas quedó claro que el mandato de acabar con el estado de cosas.

Hoy, en un acto de Estado y con el despliegue de fuerzas militares y policiacas, de la fiscalía y otras oficinas gubernamentales, se está enfrentando el robo de gasolina a PEMEX. Sin duda los inconvenientes generados provocarán molestias a unos cuantos y si estos son los que perdieron la campaña anterior: PRI, PAN, PRD, iracundos alzarán las voces en contra de esos actos de gobierno o peor aún, si son los huachicoleros, tanto el campesino abandonado que aprendió a robar la gasolina y la vende a la vera de las carreteras como si de un poderoso gasolinero se tratara, estos reaccionarán con violencia intentando que no se acaba su mal negocio.

Por eso vemos la sobrerreacción de algunas gentes y llaman “escases” de gasolina a lo que es un desabasto por lo apremiante de la logística… pero los hechos ahí están: descenso del robo de combustible y los precios de las gasolinas más que estables y eso no sucedía con los gobiernos anteriores, de tal suerte que bien podemos aventurar un juicio: es correcto el combate a la corrupción en el robo de las gasolinas a pesar de las molestias generadas a una minoría. ¡Tenemos que acabar con la borrachera de la corrupción! Por cierto ayer compré gasolina en Veracruz a 17.05 pesos y no había colas en la gasolinera.

 
 

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